Jesus del Puente
Semana Santa de Cuenca. Jesús Nazareno del Puente Semana Santa de Cuenca. Jesús Nazareno del Puente Semana Santa de Cuenca. Jesús Nazareno del Puente

Hernández Navarro




(Rincón de Almodóvar- Los Ramos (Murcia) 4-Diciembre de 1954).

 
José Antonio Hernández Navarro se reconoció, desde sus primeros años, como escultor, no obstante nace y crece en una tierra en la que Francisco Salzillo (1707-1783) dejo muy alto el pabellón de la escultura, y la escuela murciana ha dado también renombrados escultores desde entonces como Juan Porcel (1700-1746), Roque López (1744-1811) y, más modernamente, José Planes Peñalver (1891-1974), José Sánchez Lozano (1904-1996) o Juan Gonzaléz Moreno (1908-1996), hecho que le produce una gran influencia inicial, ya que su formación se basa en la observación de las numerosas obras de estos escultores.
 
Toma sus primeros modelos de las obras que se exponen al culto en las iglesias de Murcia, influenciándose notablemente por el estilo Salzillesco. El párroco de Alquerías Rvdo. Francisco Aznar Dols, observador de su interés y capacidad, le pone en contacto con D. José Sánchez Lozano, por aquel entonces el más sobresaliente escultor de Murcia y conservador de las obras de Salzillo, pero su personalidad reservada no le propició los conocimientos que él deseaba para seguir desarrollando su creatividad. Orientado por un profesor suyo del instituto, entra en contacto y trabaja en el taller de la escultora Elisa Sequier, practicando el modelado y componiendo sus primeras figuras en madera y escayola. En dicho taller conoce a muchas personas relacionadas con el mundo del arte, como es el caso del escayolista de la escuela de Artes y Oficios, que le enseño a “sacar de puntos”; a Francisco Moreno Galiana, que le enseñó en el campo de la realización de moldes y preparación de aparejos, etc. No obstante, nunca permanece el tiempo suficiente en ningún taller como para decir que tenga un maestro, al contrario, es en los oficiales de dichos talleres con los que Hernández Navarro ha tenido los mejores profesores, ya que en el oficio de escultor es difícil que los maestros quieran enseñar sus “trucos” a los discípulos. Por todo ello no se considera discípulo de ninguno y sí un gran investigador y autodidacta.
 
Son sus fuentes de inspiración las esculturas clásicas, con sus escorzos y torsos desnudos, obras que conoce a través de libros y láminas (Bernini, Miguel Angel). Admira como obras especiales la Piedad de Miguel Angel, el Yacente de Gregorio Fernández, el San Juan de Salzillo o el Cristo de la Clemencia de Montañés.
 
No está integrado en ninguna asociación artística, ni mantiene vínculos con otros escultores contemporáneos, si bien muestra interés por conocer las obras que se producen.
 
Aunque se considera más escultor que imaginero, la práctica totalidad de encargos de Imágenes religiosas y especialmente destinadas a la Semana Santa, hacen que se le conozca más como imaginero y, en ese sentido, busca crear obra que, de alguna manera, rompa con lo creado en la forma y estética, aunque se mantenga en la utilización de materiales y técnicas tradicionales.
 
Para Hernández Navarro ser escultor no es un oficio, sino una manera de dejar salir fuera sus inquietudes, canalizadas a través de las obras que siempre trata de perfeccionar. No concibe la creación en serie o la repetición de formas, por lo que cada obra, aunque se trate del mismo tema, tiene matices diferentes.
 
Referente al Auxilio a Nuestro Señor Jesucristo, en palabras del escultor, “el paso del Auxilio supuso un gran reto", puesto que era la primera vez que se enfrentaba a esta singular escena, siendo, a su juicio, la primera vez que se representaba para la Semana Santa de toda la cristiandad.
 
La ejecución de la obra fue bastante laboriosa, sobre todo para conseguir los escorzos tanto del Cristo como del Cirineo.
 
Las figuras fueron talladas en pino de Flandes y se policromó al óleo. Es de destacar la túnica del Cristo que simula el tejido rustico de la época.
 
ESTILO: Para Hernández Navarro “una escultura debe ser hermosa y agradable de ver, incluso en el supremo dolor, dulcificándolo para convertirlo en belleza”. Busca los rasgos juveniles puros en detrimento de la arruga o senectud, atendiendo al sentido común de belleza.
 
Sus obras gozan de un profundo realismo y belleza. En torno a Cristo gira todo el resto de la obra, habiendo conseguido perfeccionar un nuevo modelo. En lo que al tratamiento de la cabeza se refiere, su rostro es oval enmarcado por el pelo, dividido en dos por una raya central que cae sobre los hombros ligeramente, cejas poco curvadas y ojos bien dibujados, nariz recta y barba no excesivamente desarrollada. Su estética se caracteriza por una continua búsqueda de la simplificación de las formas.
 
Es un gran escenógrafo y logra, con pocas figuras, llenar espacios enormes, ya que a cada elemento le proporciona un espacio físico en el que desenvolverse. Y es en los pasos de Semana Santa donde ha logrado una perfección total, que permite ver el conjunto desde cualquier punto, sin encontrar ángulos muertos. 



M. A. y V. H. Ntro. Padre Jesús Nazareno del Puente
Plaza Yesares, 1 bajo
16001 - CUENCA